miércoles, 28 de abril de 2010

No a los proyectos inconclusos

El lunes pasado, el secretario municipal de Gestión Urbana y Obra Pública, Jorge Rodríguez y Morgado, reconoció que uno de los proyectos que él mismo había anunciado anteriormente, la construcción de un estacionamiento subterráneo en el llamado predio Matanzo, podría cancelarse, debido a que no hay quién invierta los 35 millones de pesos que costaría concretar esa propuesta.




Sería lamentable que la secretaría de Gestión Urbana y Obra Pública del ayuntamiento decidiera dar marcha atrás en ese proyecto, porque construir un estacionamiento subterráneo en esa zona de la ciudad permitiría aliviar el tráfico vehicular que todos los días recorre el Paseo Bravo y daría un impulso importante a la actividad económica de miles de comercios cercanos al Centro Histórico.



Además, una de las formas en que se puede medir la eficiencia de una dependencia pública es, precisamente, a través de la concreción de los proyectos anunciados, ya que lo recomendable es que, antes de anunciar a los medios de comunicación y a los ciudadanos que se llevará a cabo un determinado trabajo, se tenga la absoluta certeza de que se cuenta con los recursos humanos, económicos y técnicos necesarios para finalizar la obra prometida.



Son varias las propuestas y proyectos que el actual ayuntamiento ha anunciado sin convertirlas en realidad. Hace poco tiempo, se señaló que se construiría una serie de estacionamientos subterráneos en varias zonas del Centro Histórico, pero el INAH hizo ver que no se le habían presentado los proyectos ejecutivos que le permitieran avalar dichas obras que finalmente se cancelaron.



Después, se anunció la construcción de un puente elevado en la zona de las Ánimas, pero los vecinos de la zona se opusieron y el gobierno decidió no seguir adelante con este proyecto, para no generar un innecesario problema social, debido a que esta propuesta no contaba con el consenso de los poblanos que habitan la región.



Es claro que una ciudad en constante movimiento, como Puebla, necesita obras importantes de infraestructura urbana, que la hagan más competitiva y permitan reducir los tiempos de traslado de una zona del municipio a otra. Y estos proyectos pueden concretarse sin problemas elaborando planes viables, con presupuestos accesibles y el consenso de los ciudadanos y grupos sociales y económicos involucrados en ellos.





*Presidente de la Comisión de Derechos Humanos en el Cabildo de Puebla

Dilema de los partidos: renovarse o morir

En este momento, todos los partidos políticos que contenderán en las elecciones de julio llevan a cabo sus procesos internos de selección de candidatos y, por lo mismo, las dirigencias reciben críticas, cuestionamientos o amenazas de militantes que sienten tener todo el derecho de contender, pero que no podrán hacerlo al no haber sido designados para ello.




Hasta cierto punto es normal que haya inconformidades y críticas al interior de cada partido, porque es natural que en la lucha por el poder público haya pasiones desatadas. Sin embargo, a través de los medios informativos es posible constatar que en esta ocasión son más numerosos y trascendentes los cuestionamientos a los dirigentes partidistas por la selección de candidatos, debido a que se dan tanto en municipios pequeños como en los más poblados.



Lo que sucede es que en cada instituto político hay ciertos grupos y miembros que practican el patrimonialismo, la cerrazón y la exclusión hacia los demás integrantes de ese mismo partido. Además, prácticamente en todas las fuerzas persiste una notable resistencia a renovar tanto las prácticas internas como a los cuadros que los representarán en las elecciones.



Es curioso que una de las más frecuentes y justificadas quejas de la gente que no milita en ningún partido es que éstos siempre postulan a los mismos aspirantes a cargos de elección popular. Y la ciudadanía tiene razón, como lo demuestra el hecho de que en el PAN quienes hace apenas 4 años pidieron el voto para ser senadores, ya dejaron sus cargos en la Cámara Alta para buscar otros puestos; mientras que un panista que ya fue dirigente estatal de su partido abandonó su diputación local, para buscar la alcaldía.



Es claro que todos los ciudadanos, incluyendo a los militantes de las fuerzas políticas, tienen el derecho de buscar contender al cargo de elección que se prefiera. Pero es cuestionable que se haga abandonando las responsabilidades conferidas por el voto de los mexicanos.



También es negativa la cerrazón y falta de transparencia predominante en los partidos durante sus procesos de selección de candidatos, porque en muchos casos no postulan a las personas que la ciudadanía quiere y mantiene en los primeros lugares de intención de voto, lo que significa que los mismos electores padecen una actitud excluyente de algunas fuerzas políticas.



Pero no solamente es necesario que los partidos renueven sus prácticas internas, además se requiere que abran sus puertas a los liderazgos ciudadanos y sociales, que les ayudan a refrescar su vida intestina, a recuperar la confianza de la ciudadanía y que garanticen que la pluralidad de la sociedad esté en realidad reflejada en los Congresos federal o local.



Es claro que la gente confía cada vez menos en los partidos políticos, que – por lo mismo – deberían llevar a cabo profundos procesos de renovación de prácticas y de liderazgos, para convertirse en verdaderas entidades de interés público y recuperar credibilidad en los ciudadanos.



*Presidente de la Comisión de Derechos Humanos en el Cabildo de Puebla

La equidad de género como botín electoral

El pasado 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer y, con ese marco, los distintos niveles de gobierno efectuaron sus respectivos eventos oficiales y reiteraron los mismos mensajes que pronuncian cada año en la misma fecha en torno a la necesidad de promover una verdadera equidad de género en el país.




Y resulta innegable la necesidad de que nuestro país supere atrasos culturales y sociales como el machismo, la violencia intrafamiliar y la injusticia laboral, que afectan a muchas mujeres mexicanas maltratadas en sus hogares por quienes deberían protegerlas y apoyarlas; es decir, sus compañeros de vida o sus hijos y minimizadas en sus puestos de trabajo, donde de manera injusta reciben menos salario que sus compañeros varones.



Entonces, es claro que la equidad de género no existe en nuestro país, donde todos debemos trabajar para hacerla realidad. Sin embargo, resulta demagógico e inmoral que algunos representantes de las instancias oficiales que se supone deberían promover el trato igualitario entre los sexos sean los primeros en incurrir en prácticas discriminatorias contra las mujeres.



Porque la realidad nos dice que los mismos gobiernos que pregonan cada 8 de marzo a favor de la equidad de género son – en la mayoría de las ocasiones – los primeros que no practican, como lo demuestra el hecho de en todos los niveles de gobierno sean muy pocas las mujeres que ocupan cargos importantes en la administración pública.



Es notorio que el gobierno federal tiene 57 puestos de secretarios, procuradores o posiciones de primer nivel y solamente 7 de estas responsabilidades son ejercidas por mujeres: Patricia Espinosa (SRE), Alejandra Sota Mirafuentes (Estrategia y Enlace Gubernamental), Patricia Flores Elizondo (oficina de la Presidencia de la República), María del Rocío García Gaytán (Inmujeres), María Cecilia Ganderreche Gómez Morín (DIF), Consuelo Sayzar Guerrero (Conaculta), Georgina Kessel Martínez (Sener).



El hecho de que todavía sean pocas las mujeres a las que los distintos niveles de gobierno les confían la responsabilidad de ejercer un cargo de primer nivel, demuestra que para que haya una verdadera equidad de género en nuestro país se requiere - además de un importante e indispensable avance educativo y cultural - que el sector público comience a confiar en el sexo femenino mucho más de lo que lo hace.



* Presidente de la comisión de Derechos Humanos en el Cabildo de Puebla

Con solidaridad y cariño para los hermanos Chilenos y Haitianos

Este inicio de año ha sido terrible para América Latina en lo referente a desastres naturales, porque el 12 de enero pasado Haití sufrió un terremoto de 7.3 grados Richter que dejó más de 150 mil muertos, centenas de miles de damnificados y miles de millones de dólares en pérdidas en uno de los países más pobres del mundo, mientras que este sábado otro cataclismo telúrico – ahora de 8.8 grados Richter – mató a cerca de 700 personas en Chile.



Llama la atención que sendas tragedias hayan ocurrido con poco más de un mes de diferencia y ello demuestra que este tipo de fenómenos naturales son cada vez más frecuentes. Por lo mismo, corresponde a toda la sociedad en su conjunto intensificar las tareas de Protección Civil, para estar lo mejor preparados que se pueda ante estos desastres.



También es notorio que mientras en Haití el sismo fue de 7.3 grados y dejó más de 150 mil muertos, en Chile su intensidad fue mucho mayor (8.8 grados Richter) y mató a una cantidad relativamente pequeña de personas, ya que este hecho comprueba que los Chilenos estaban mucho mejor preparados para la contingencia y que su grado de vulnerabilidad socioeconómica es bastante menor al de los Haitianos.



Cabe preguntarse por qué un terremoto de menor intensidad que el de Chile mató a más personas en Haití y la respuesta es que en el país sudamericano sus construcciones, dependencias relacionadas con la Protección Civil y la propia gente están mucho mejor preparadas para afrontar este tipo de desastres naturales que en la hermana nación caribeña, cuyo elevadísimo nivel de pobreza eleva en gran la vulnerabilidad de sus ciudadanos.



Es claro que mientras la gente sea más pobre, con poca preparación y padezca gobiernos corruptos, su condición de vulnerabilidad ante los fenómenos naturales es mucho mayor, debido a que no sabe cómo reaccionar frente a ellos, las dependencias que deberían protegerla simplemente no lo hacen y los edificios están construidos de manera endeble, como una manera en que contratistas y funcionarios corrompidos hacen negocios sucios.



Es importante que en México aprendamos de lo ocurrido en Haití y Chile y aceptemos que no estamos al margen de estos cataclismos, porque el 19 de septiembre de 1985 nuestro país sufrió un terremoto de 8.1 grados Richter, del que nunca se supo con precisión cuántos mexicanos murieron, ya que el Gobierno Federal de ese entonces dijo que fueron 7 mil personas, pero algunas voces aseguran que fallecieron más de 40 mil.



En México, ese cataclismo se enfrentó y se superó gracias a la actuación rápida, eficiente y solidaria de la sociedad civil, debido a que todos los niveles de gobierno fueron rebasados por la tragedia y se mostraron incompetentes, frívolos y corruptos. En contraste, los ciudadanos tomaron la batuta, se organizaron, rescataron a los sobrevivientes, exigieron y obtuvieron el apoyo de la comunidad internacional.



Sin embargo, es obvio que los terremotos de 1985 o de 1999 no serán los primeros ni los últimos y que, como todos los demás pueblos del mundo, los mexicanos tenemos que estar preparados para afrontar no solamente ese tipo de fenómenos naturales, sino también maremotos, deslaves, e inundaciones – como la de Chalco - y todo tipo de desastres.



*Presidente de la Comisión de Derechos Humanos en el Cabildo de Puebla.

jueves, 25 de febrero de 2010

Utilidad de las comparecencias

24 de Febrero de 2010




BITÁCORA MUNICIPAL

Por Enrique Chávez Estudillo*



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El pasado martes concluyeron las comparecencias de los titulares de las diferentes Dependencias del Ayuntamiento de Puebla ante los Regidores que conformamos el Cabildo.



Teniendo estas, un formato rígido y cansado, que pudiendo abonar en propuestas para mejorar el actuar y proceder de todas las áreas de la administración Pública, resulta en una práctica que no corresponde a las necesidades actuales.



La comparecencia de los funcionarios municipales ante el Cabildo de Puebla, tiene el objetivo de informar a nosotros los representantes de los ciudadanos sobre qué hicieron o dejaron de hacer en las Dependencias que encabezan durante el año que se informa, para que a su vez, la ciudadanía conozca de los trabajos y resultados de cada una de las Unidades Administrativas del Ayuntamiento.



Es un esquema, que no propone el intercambio de ideas y propuestas entre los miembros del Cuerpo Edilicio y los funcionarios, quienes tienen poco tiempo para contestar a los cuestionamientos que nosotros los Regidores les hacemos.



En una sociedad verdaderamente democrática y transparente debe haber rendición de cuentas, y los Gobiernos de todos los niveles tienen que informar a los ciudadanos y a quienes los representamos lo que han hecho o dejado de hacer y si se están cumpliendo con los planes de trabajo y desarrollo, utilizando los mecanismos que ahora están a nuestro alcance, para que se conozcan y estén informados de dichas cuentas por rendir.



Por ello, es inadmisible que en el siglo XXI prevalezca la costumbre de la rendición de cuentas efectuando comparecencias de funcionarios públicos sin que se tenga un formato acorde con la época, o realidad; cuando lo que se necesita es modificar la manera en que se realizan estos procedimientos, para que los Regidores y Diputados realmente preguntemos a los servidores lo que la gente quiere saber y éstos respondan y den a conocer sus propuestas para mejorar sus encomiendas.



En los niveles Federal y Estatal mucho se ha dicho que es necesario cambiar la forma en que se llevan a cabo los Informes del Gobierno y las comparecencias de funcionarios públicos, aunque poco se ha avanzado en ese sentido.



En este contexto, quizá tengamos que ser los Ayuntamientos los que demos el primer paso para que la rendición de cuentas de los Alcaldes y sus funcionarios sea de utilidad para la ciudadanía.



*Presidente de la Comisión de Derechos Humanos en el Cabildo de Puebla.

2do Informe: los pendientes

17 de Febrero de 2010




BITÁCORA MUNICIPAL



Por Enrique Chávez Estudillo *






Resulta especialmente difícil calificar si un Gobierno – de cualquier nivel- ha sido positivo o negativo, sin caer en los lugares comunes de halagar sin motivo a las administraciones emanadas del partido con el que uno simpatiza o, por el contrario, criticar sin argumentos todo lo que hacen o dejan de hacer las gestiones opositoras al PRI.



Y esta dificultad se acrecienta cuando uno forma parte del Gobierno al que hay que analizar, porque, insisto, si emanó del partido en que se milita se puede ser autocomplaciente y se justifican u ocultan los yerros, pero cuando se es representante de la oposición se tiende a no querer ver lo positivo de la Administración.



En este contexto es importante realizar varios señalamientos y el primero es que la Presidenta Blanca Alcalá Ruiz tiene ganado un lugar en la historia política de la entidad por ser la primera mujer que gobierna la Capital del Estado. Es un mérito que no se le puede regatear.



El hecho de que una mujer gobierne la Ciudad más importante en la entidad es muy trascendente, porque contribuye a la equidad de género y demuestra que desde hace mucho tiempo las mujeres están más que preparadas para cumplir cabalmente con sus responsabilidades en el servicio público.





Sin embargo, el hecho es que hay que tener veracidad en los comentarios que uno deba verter al realizar el análisis de los Dos años de gobierno de la presente Administración, es decir aceptar que todavía existe camino por recorrer y deficiencias que superar; cómo lo expresé en mi columna anterior, nos debemos a quienes depositaron su confianza en nosotros al habernos elegido como sus representantes, cuidando cabalmente de todas las ramas que implican la Administración Municipal.





Sabedor de que lo que lo que exigen los Poblanos es un Ayuntamiento que dé respuesta a sus necesidades y demandas y que todavía hay tiempo suficiente, para que la administración cierre filas, apriete el paso, mejore la infraestructura urbana y promueva el desarrollo de la Ciudad. Por lo anterior, es mi deber como Regidor representante de la ciudadanía, redoblar esfuerzos para que esta Administración Municipal, no pase a la historia como solamente la primera en ser encabezada por una Mujer, sino como una Administración que sirvió a la Ciudad de la manera en que la Sociedad Poblana lo requiere, de una manera eficaz, pronta, honesta y de cara a los problemas que se están presentando en el diario acontecer Nacional y Local.





Dejo a ustedes que califiquen el actuar de la presente Administración; y refrendo el compromiso realizado ante ustedes y para ustedes los Poblanos, hace Dos años.





*Presidente de la comisión de Derechos Humanos en el Cabildo de Puebla

Burocratismo en el tema Vía Pública

10 de Enero de 2010




BITÁCORA MUNICIPAL



Por Enrique Chávez Estudillo *




Siempre hemos escuchado que quienes trabajan para los distintos niveles de gobierno se refieren a sí mismos como “funcionarios públicos”, mientras que la mayor parte de la ciudadanía llama “burócratas” a quienes se desempeñan en el sector gubernamental, sobre todo cuando se le tarda la resolución de algún trámite o sus peticiones no son atendidas.



Pero ¿cómo diferenciar a un verdadero funcionario público de un simple burócrata?, cuando hay quienes trabajan para el gobierno, cumplen de manera adecuada con sus obligaciones y, por lo mismo, no merecen que la gente se refiera a ellos de manera despectiva.



La realidad es que los funcionarios públicos son quienes sí le sirven al gobierno y a la ciudadanía para la que trabajan, los que no ponen pretextos de tiempo o legaloides para no servir a la gente, quienes entienden que sus salarios provienen de la sociedad y, por lo mismo, hacen todo lo posible por atenderla.



En contraste, los burócratas son aquéllos que trabajan hasta en los niveles más elevados de la administración pública, pero ponen cualquier pretexto para no servir a la gente y justificar su falta de resultados. Son los que no oyen las demandas ciudadanas y, cuando se les pregunta por qué no resuelven determinada situación, dicen que no les corresponde o no recibieron una petición o denuncia formal.



Lamentablemente, el burocratismo existe en todos los sectores y niveles de gobierno y es lo que ha prevalecido en el problema que la ciudad enfrenta por la falta de legalidad y control con que se maneja el área de Vía Pública Municipal, como lo demuestran las diarias quejas de comerciantes formales e informales, quienes en la mayoría de los casos no son atendidos en el ayuntamiento, con el pretexto de que no han colocado una denuncia “formal”.



Es claro que si realmente existiera en la autoridad municipal el deseo de investigar y resolver las denuncias de los comerciantes contra algunos malos elementos de Vía Pública, se haría sin dilación ni pretextos. Sin embargo, también es cierto que algunos burócratas necesitan que las quejas o querellas ciudadanas se interpongan formalmente, para que ya no puedan justificar su permisividad.



Por ello y como presidente de la comisión de Derechos Humanos en el Cabildo de Puebla, quiero aprovechar este espacio para pedir a los afectados por los abusos de algunos malos elementos de Vía Pública que interpongan las denuncias correspondientes y, con gusto, yo personalmente daré seguimiento a las mismas y vigilaré que no se envíen al “archivo muerto” y sí sean investigadas.



Incluso, como representante de la ciudadanía en el Cabildo de Puebla, pongo a disposición de la misma el número telefónico de mi oficina 4045300 extensión 222 , para que me informen de sus denuncias, peticiones o quejas y estar al tanto de la manera en que las resuelva el gobierno municipal, con la finalidad de que no se “pierdan” en el laberinto burocrático en que se han convertida algunas dependencias.









*Presidente de la comisión de Derechos Humanos en el Cabildo de Puebla

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